Capricho
Que escribas un día de estos pimientos rellenos, y te observe desde el salón con la cebolla a lágrima suelta. Un sábado mediodía cualquiera, que pongas primero a flotar en una sartén las canciones que son nuestras canciones para hacer el amor, y así se vaya calentando el aceite. Que mientras tanto te embarques las manos de blanco tinta para recibir la masa, y que de tan simple que suenan jamón y queso philadelphia juguemos al seudónimo, como los escritores de éxito, y los renombremos diafragma y secreter.
Que luego, con las canciones acercándose a la ebullición, garabatees un bol ancho del estante de arriba y mezcles en él las raíces de mis palabras, contenidas en el diafragma, y el punto justo de mis secretos, que se guardaban hasta que llegaste en el mueble que no hace más que buscarlos con el nombre.
Que antes de freír en nuestro estribillo favorito, me abraces, rojo, fuerte las letras, los secretos y todo lo demás, y ya juntos pimientos rellenos que pasar por la sartén.
Bajar el fuego, poner la mesa, comernos perdiendo el tiempo.
Que en el postre venga la paradoja. Cuarenta grados más allá de la ventana y nosotros empeñados en hacer hervir el suelo de parquet en vez de buscar un helado de siesta.
Escrito por el_hombre_que a las 10:07
Los reyes aprenden a bailar como nosotros
Los reyes aprenden a bailar como nosotros.
Vienen a nuestra casa, a nuestra habitación,
y en el metro cuadrado que rodea al radiador, el metro
cuadrado más cálido del suelo de cerámica,
nos ven bailar
nos ven bailar
nos ven bailar toda la noche.
Es curioso observar a las reinas sentadas al filo de la cama,
su cara bajo el único flash de una OSRAM de 40 watios;
es curioso cómo van doblando su educación,
su espalda distancia más corta entre el somier y su cabeza,
y terminan incluso pidiendo las canciones.
Luego se retiran a sus aposentos,
donde les espera una recreación fiel
de nuestro cuarto, una maqueta a escala 1:1 con la misma
fractura que le hiciste al espejo el día que nos conocimos,
sólo con un poco menos de humedad, para que cuiden sus amígdalas,
con la misma cama de matrimonio ahora que nosotros
dormimos en el suelo.
Los reyes (y sus reinas) aprenden a bailar como nosotros,
una noche tras otra vienen y luego ensayan
a mí me da igual que te vean desnuda, quizá
que me vean desnudo me molesta un poco más
una noche tras otra desnuda y ensayan
vienen y desnudo me molestan
sólo un poco, los presupuestos generales pagan bien
y finalmente unos meses después
en la fiesta de fin de curso
o en la puesta de largo o en la recepción del embajador
saltan a la pista con toda su realeza a cuestas
y tratan de enseñar lo que han aprendido.
Siempre se equivocan en lo mismo, y mira
que les advierten sus preparadores personales.
En el minuto uno, después del primer beso,
los afilados tacones de las reinas,
imitando tus talones,
atraviesan los reales zapatos de quinientos euros
al encaramarse a los pies de los monarcas como tú a mí,
y el grito y la sangre que comienza a esparcirse por el parquet
hacen que los servicios secretos interrumpan inmediatamente
el baile.
Escrito por el_hombre_que a las 12:45
Together better
¿Quién es capaz de entrometerse entre un playmobil a lo Village People y Osama Bin Laden cabeza-de-pene?
La curiosidad me mata el gato, así que el sábado habrá que acercarse al Soul Station (Santo Domingo, 22
, Madrid) a averiguarlo.
Escrito por el_hombre_que a las 10:07
Quiromancia
Trabajos manuales de precisión sobre la palma de mis manos.
Mientras el dorso se broncea en las antípodas del invierno,
trabajos de precisión a cargo
del final de tus dedos, ese lugar híbrido que contiene a la vez
el placer infinito de la caricia en el centímetro cuadrado que mide
cualquiera de tus yemas
de tus diez
cualesquiera
y el certero dolor que es capaz de abrir afilada
hasta la más meñique de tus uñas.
Para borrar la línea del dinero, París y champagne y fresas;
para borrar la línea de la vida,
tu vida encima y debajo y alrededor y la amnesia de los domingos;
para borrar la línea del amor, el amor entero para demostrar
que tu amor no puede caber en una línea.
Ahora que has removido toda la tierra de mi pasado,
y que asomas tu nariz ante una palma abierta, lisa,
en la que es imposible adivinar el futuro
recuerdo que desde el principio me dijiste
que siempre te ha gustado más escribir que leer.
Escrito por el_hombre_que a las 10:07